sábado, 19 de agosto de 2023

BUSCANDO EL PAGO DE TEJAVANA

 

Los Llanos de Teja Vana. Catastro de los años 1945-1956. Polígono 113 del término municipal de Córdoba


Recuerdo que el nombre de Tejavana solo me sonaba de algún restaurante de la zona del Polígono del Granadal. Poco a poco, investigando por estos lares, los del barrio de Levante y sus alrededores, fui topándome con el nombre una y otra vez. Tejavana, el pago de Tejavana.

A pesar de que diversos autores como Paco Muñoz de Notas Cordobesas usaban el topónimo no sabía concretamente a qué se referían. ¿Qué era Tejavana? Al decirse que la última obra pública sobre el Pedroches llevaba su nuevo cauce abierto por tierras de Tejavana, allá por el vivero municipal, empecé a hacerme una idea, pero aún así estaba muy confuso con el término y el territorio que abarcaba. Había oído hablar de los llanos del hipermercado, leí descripciones de la huerta que había por esos lares cercada por una hilera de árboles. Pero aún no me podía dar cuenta de que eso era parte de Tejavana. Por supuesto, muchas veces, cuando trato de buscar información sobre topónimos locales, de primeras no encuentro mucho o nada. En este caso buscaba Tejavana en internet y me salía publicidad del restaurante del mismo nombre. Tuve que profundizar y especializar la busqueda para encontrar algún dato interesante y revelador.

Sí, andaba yo un poco perdido hasta que di con un ejemplar de la revista Al-Mulk. En un número dedicado al IX Centenario de Aben-Házam y de las II Sesiones de Cultura Hispano-musulmanas celebradas en Córdoba en 1963, encontré un par de artículos firmados por Rafael Castejón, el acreditado arabista cordobés. El primer artículo se titulaba EL PAGO DE TEJAVANA, el segundo estaba dedicado a Rabanales y sus alrededores. Ambos artículos estaban fechados en julio de 1964 y se incluían en una colección de recortes de prensa de los años sesenta. Gracias al primer artículo tuve una primera idea fidedigna de qué era Tejavana. En el artículo se contaba, casi al estilo de Francisco Carrasco y sus arroyos, el paseo por Tejavana buscando la mítica y perdida Medina Zahira. El artículo (que cuenta hasta con una entrevista a un campesino de la zona que explica que el nombre de Tejavana viene por el lecho de tejas que recorre el subsuelo del paraje) es un poético y bucólico encuentro con el campo cordobés y lo que quedaba de los antiguos ruedos de huertas de la periferia. El artículo dedicado a Tejavana y la búsqueda de Medina Zahira no quedó en el olvido e incluso sirvió para ser criticado décadas después por su falta de "rigor científico" y sí, es verdad, es más un texto impresionista que un sesudo estudio arqueológico (pero ahí también reside su encanto). El segundo artículo de Castejón se centraba más en la zona de Rabanales y es más breve y aún más esotérico (habla de brujas y ventas malditas), pero servía para darme a conocer el otro nombre por el que es conocido el pago de Tejavana y que no es otro que el de "Valdetejas".

Gracias a Castejón supe que Tejavana también era denominado popularmente como Valdetejas y ambos nombres procedían de ese lecho de tejas del subsuelo que los campesinos solían encontrar al cultivar la tierra. En la teoría de Castejón, esas tejas demuestran la ubicación de un enorme arrabal que indicaría la cercanía de algún centro importante de poder en tiempos del califato. Eso dio pie para una teoría muy popular en los años sesenta que ubicaba Medina Zahira en los llanos donde se levanta el actual Carrefour Zahira, cuyo nombre no es casualidad. Al parecer, esta teoría, hoy día bastante poco tenida en cuenta, se basaba en la traducción de distintos textos árabes que indicaban que Medina Zahira se edificó "entre dos ríos" y algunos especialistas identificaron esos dos ríos como los arroyos de Pedroches y Rabanales. ¿Y qué había justo entre ambos arroyos que servían además de frontera natural? Pues si, Tejavana.

Poco a poco, texto a texto y artículo a artículo, fui descubriendo algo más de Tejavana y su particular historia de brujas, ciudades perdidas y añejo pasado califal, pero seguía sin saber qué era en realidad Tejavana y necesitaba algún documento oficial, objetivo, que me diera datos concretos.

Seguía leyendo en blogs y comentarios de internet cosas sobre Tejavana, pero la sabiduría popular y oral tiene un límite cuando se quieren contrastar datos para sacar la verdad, esa verdad objetiva que debió existir. Así que aún seguía atento a cualquier referencia de cualquier comentarista sobre el lugar, pero por fin pude localizar los planos del catastro del Instituto Geográfico y Catastral fechados entre 1945 y 1956 y echar un vistazo al lugar. Sí, el plano dedicado al polígono 113, el que se ubica en la orilla sureña de la antigua carretera de Madrid, aparece lo que yo tanto buscaba: "Los Llanos de Teja Vana". Ese y no otro era el nombre oficial de ese pedazo de tierra que además señalaba con exactitud su ubicación y extensión. Lo primero que me llamó la atención es la forma de escribirse el nombre. Teja Vana y no todo junto: Tejavana. Luego estudié su extensión que va, de oeste a este, desde el cauce del Pedroches hasta el cauce del Rabanales, o sea, para entendernos mejor, desde lo que hoy es la gasolinera del Carrefour a la gasolinera de San Carlos. Eso es (o era) Tejavana o Teja Vana. Un extenso pedazo de tierra cuyo límite norte era la antigua carretera de Madrid y al sur la huerta de Molleja (huerta que eran dos, el otro pedazo de la Molleja se ubicaba en el límite noreste de los Llanos de Teja vana). Maravillado por dar luz al misterio de la ubicación exacta de Tejavana quedé fascinado por ese plano catastral. En un estudio del ayuntamiento superponen ese plano con la foto del vuelo de la USAF de 1957 y uno se hace mejor una idea de lo que era Tejavana...al menos a finales de los años 50. Según el plano, los Llanos tenían dos o tres casas en el extremo más oriental y, según parece, casi todo lo que eran los llanos pertenecía a una misma parcela con una casa en medio y un pozo. Esa casa estaría ubicada justo en medio de lo que hoy es el edificio del hipermercado. No he podido comprobar quién era el dueño de esa parcela tan extensa ni obtener más datos de ella, pero he de suponer que era, precisamente, la huerta de la que hablaba Manuel Estévez en uno de sus comentarios a propósito de un texto sobre la Choza del Cojo. Esa huerta, según Estévez, estaba cercada con una linde de árboles que llamaban "pestosos" que usaban los chavales para sacar pértigas con las que saltar el arroyo y donde abundaban las babosas. Por desgracia, la escueta referencia de Estévez es la única que he encontrado a estas alturas describiendo el lugar, sobre lo que debió ser, por llamarla de alguna manera, la "huerta de Tejavana".

Superposición del plano catastral de 1945-1956 con la foto aérea de la USAF de 1957


Los Llanos de Teja Vana marcados en rojo en la foto de la USAF de 1957


Tejavana marcado en rojo en la actualidad


Los datos que he podido recabar van desde los años cincuenta a los sesenta. Después, ya sabemos que el hipermercado se inauguró en 1977, con la construcción del famoso scaléxtric frente al Flex, y que más tarde la Ronda Sur terminó de destripar los antiguos dominios de Tejavana en los años 80 mientras enterraban entre hormigón lo que quedaba del Pedroches. Es todo lo que he podido saber seguro.

Por supuesto, me sigo preguntando si en las obras públicas para construir el scaléxtric frente al Flex o la Ronda Sur llegaron a encontrar restos de la mítica Medina Zahira. ¿Tampoco encontraron nada al levantar el hipermercado? Sabemos que los alrededores son ricos en hallazgos, sobre todo restos de arrabales y necrópolis árabes, así que me cuesta mucho trabajo creer que no encontraran nada de nada entre tanta obra por esos lares entre finales de los setenta y principios de los 80. Aún hay quien sigue creyendo que precisamente ahí, donde se levanta el Carrefour, se levantó hace más de mil años la legendaria Medina Zahira, pero dudo que a la multinacional francesa le interese ponerse, algún día, a escarbar por el lugar o dejar que otros escarben buscando quimeras.

Puede que nunca encontremos Medina Zahira, puede,...pero al menos ahora tengo algo más claro qué era Tejavana o Valdetejas o los Llanos de Teja Vana. Fue ese pedazo de tierra llana entre el Pedroches y el Rabanales que precisamente por ser tan llana los arqueólogos se fijaron en ella para especular sobre el lugar ideal para hacer los cimientos de Zahira. También sabemos por los eruditos que una bruja de la época califal profetizó una venta maldita por esos lares (¿La Choza del Cojo?). Pero leyendas y mitos aparte, lo que sí parece cierto es que los campesinos del lugar no dejaban de encontrarse tejas de antiguas viviendas árabes cuando se ponían a trabajar la tierra y que de ahí viene el nombre o los nombres de ese pago. Lo repito: Tejavana, Valdetejas y los Llanos de Teja Vana.

Ahora ya sabemos algo más de este ya mítico rincón cordobés que hoy en día parece irreconocible (y horrible, para mi gusto) entre tanto asfalto y hormigón, entre tanta carretera, puente y aparcamientos de hipermercado, pero seguiremos atentos e investigando...por si acaso.

Posdata: Sí, como decía la canción, al final, con el tiempo, ya no queda ni la memoría y nos hemos quedado sin la Choza del Cojo, sin el Pedroches (lo que hay ahora no llega ni a triste simulacro de arroyuelo) y sin Tejavana. Esperemos no quedarnos, también, sin memoria.

jueves, 17 de agosto de 2023

BUSCANDO LA CRUZ DEL PADRE ROELAS

 

Foto de los años 50 de la Cruz de Roelas
 
 
 El nombre de Roelas y el topónimo de la Cruz de Roelas me eran familiares, pero no tenía ni idea de lo que escondían en realidad. Fue hace mucho tiempo, años ya, que me topé con un par de entradas del blog Notas Cordobesas de Paco Muñoz y entonces me enteré un poco de la historia. La primera entrada iba sobre el templete de Cinco Caballeros, la segunda sobre el Quemadero del Marrubial. Curiosamente, no me interesaba mucho ni la historia del templete ni la del quemadero, lo que me fascinó y me intrigó era todo el asunto de la Cruz del padre Roelas (que en ambas entradas se mencionaba y comentaba). Me intrigó por una razón muy sencilla: ¿cómo es posible que un lugar tan mítico y legendario no se haya conservado y ni siquiera nadie sea capaz de ubicarme exactamente dónde estuvo la dichosa Cruz de Roelas? De hecho, apenas había pruebas de la existencia de la cruz. Debería haber, como mínimo, docenas de fotos del lugar, testimonios fidedignos y documentos al respecto. Pero no, ni había fotos, ni testimonios aclaratorios ni documentos que registren el asunto. Así que, por supuesto, me quedé muy intrigado con todo lo referente al padre Roelas, su cruz y los Cinco Caballeros (milagro y/o leyenda).

Bien es cierto que la leyenda milagrera asociada al padre Roelas es harto confusa y cuenta con varias versiones que incluso se contradicen. Por ese lado, el de San Rafael, los mártires y las visiones de Roelas, poco se puede sacar en claro. Ni siquiera contamos con el testimonio directo de Andrés de las Roelas, sino con diversos testimonios de personas que dieron publicidad al asunto muchos años después de la muerte del religioso. Si eso ya era algo de esperar, no dejó de sorprenderme que al investigar tampoco se pudiera aclarar de dónde salía la famosa Cruz de Roelas. Me he hartado de leer textos sobre la cruz y, al igual que con los milagros y apariciones, hay distintas versiones sobre el origen y lo que fue en verdad la mítica "cruz de piedra". Tampoco, para más inri, tenemos a mano la ubicación exacta. Y eso que hablamos de una cruz de piedra de considerable tamaño y peso que aguantó siglos en pie y que al menos sobrevivió hasta la segunda mitad del siglo XX. ¿Cómo es posible que sepamos tan poco de la cruz, su ubicación y su origen?

En las distintas versiones de la historia de la cruz hay quien asegura que el padre Roelas se sentó junto a esa cruz de piedra cuando tuvo la aparición de los Cinco Caballeros. Otras versiones apuntan a que la cruz se construyó en 1650 en honor del padre Roelas, muchos años después de su muerte. Incluso tenemos la teoría del gran poeta cordobés Pablo García Baena, muy devoto de estas cosas, que apunta a que la famosa cruz de piedra era en realidad una obra de la hermandad del Calvario fundada en 1772 y que hacía su vía crucis en el Marrubial. ¿Cuál de las versiones se acerca más a la verdad? ¿Era la cruz de piedra un humilladero que existía antes de las visiones de Roelas? ¿Se erigió en honor del padre Roelas años después de su muerte? ¿O fue una obra de los hermanos del Calvario del siglo XVIII?

A veces pasa, cuanto más escarbas en un misterio histórico menos te aclaras porque las dudas y versiones de un mismo hecho se multiplican y van floreciendo por doquier. Al pensar en ello, decidí que lo primero era tratar de saber quién era el dichoso padre Roelas y para ello me sirvió, y mucho, un escrito de Antonio Jesús Rodríguez Castilla (abogado, juez de lo social y devoto cofrade) publicado hace más de tres años en La Voz y que trataba de echar luz sobre la oscura figura de Roelas. En ese artículo periodístico se aclara que Andrés de las Roelas, según un documento testamental, no nació en Córdoba sino en Las Posadas lo que contradice el documento eclesiástico sobre las apariciones que describía a Roelas como natural de la ciudad de Córdoba. Aparte de eso, Rodríguez Castilla ahonda en la vida del religioso y lo hace a través del testamento del padre del religioso, que tenía tierras y bienes tanto en Posadas como en la sierra de Hornachuelos. Al parecer, Andrés de las Roelas procedía de familia noble y con dinero, pasó temporadas en la ciudad de Córdoba de niño gracias a sus abuelos, pero ya de mayor, según comentario propio, estuvo largas temporadas fuera de Córdoba. Primero pasó su tiempo en Posadas haciendo vida eremítica en el pago de Torilejo, propiedad de su familia, donde según cuenta la leyenda un leñador encontró una virgen de alabastro oculta en una encina. Roelas fascinado por ese relato se dedicó a vivir allí como un ermitaño. Lo curioso es que Roelas, tras las apariciones en otro pago, el del Marrubial, se fue a vivir a Madrid, a la corte de Madrid, incluso haciendo negocios con el rey Felipe II. Sí, al parecer el padre Roelas no estuvo llevando siempre esa vida tan sencilla y austera de la que alardeaban algunos, y no deja de ser curioso que tras sus encuentros con San Rafael se dedicara a trapichear en la corte de Felipe II. Admito que eso no me lo esperaba, pero eso lo hace más interesante como personaje histórico, claro.

Dejando ya Madrid y sus aventuras en la Corte Real, Roelas volvió a Posadas, de nuevo al pago de Torilejo, habitando en un monasterio donde moriría en 1587 (todos los autores coinciden en que Roelas nació en el año 1525). Es curioso que muchos autores que hablaron largo y tendido de Roelas no fueran de su época ni lo conocieran de verdad y que solo Juan del Pino, sacerdote y amigo íntimo de Roelas, escribió sobre él habiéndole tratado y conociéndole a fondo (de hecho, Juan del Pino es el autor del relato de las apariciones de Roelas para el proceso que tuvo lugar en el Concilio de Toledo y por el que fueron reconocidas como tales, las reliquias de los santos mártires de Córdoba).

Visto lo visto, ahora sabemos algo más de Roelas, aparte de su fama de discreto y virtuoso, pero curiosamente nadie ha propuesto beatificarlo ni nada parecido. Una vez tenemos una idea del religioso, nos fijaremos en el asunto de las apariciones. O mejor dicho, de cinco visiones acústicas, porque según parece solo escuchó una voz, la de San Rafael, para luego llegar a la archifamosa anécdota de su salida por Puerta de Plasencia a tomar el fresco por el pago del Marrubial, a la altura del arroyo del Camello (por cierto, intentar situar exactamente dónde se paró a descansar el padre Roelas tampoco es fácil, entre otras razones porque según los autores que consultes existieron dos arroyos distintos llamados del Camello por el pago del Marrubial). Así, pues, el padre Roelas, según cuentan, vio a los cinco caballeros fantasmagóricos junto al arroyo del Camello. Lo que pasó entonces y se dijo, o se dejó de decir, ya cuenta con varias versiones. Por supuesto, todo suena a leyenda, a cuento de viejas e incluso para alguien profundamente religioso resultará complejo llegar a aclararse que es lo que pasó en realidad con Roelas y los cinco caballeros. Tampoco es que importe mucho, lo que cuenta es la popularidad de la leyenda y el convertirse en un lugar mítico, pero...¿qué lugar es ese?
 
 
 
 


Templete de Cinco Caballeros con algunos restos de la cruz como la gran piedra redondeada que sirvió de base
 
 
 Tenemos un presunto milagro, cinco caballeros misteriosos, dos arroyos llamados del Camello por el Marrubial y muchas dudas. Lo que quedó de todo eso, la referencia máxima y simbólica, sería la "cruz de piedra" junto a la confluencia entre el arroyo de las Piedras y el de la Hormiguita en lo que hoy es la calle Cinco Caballeros, antiguo camino que llevaba a Miraflores. Que existió la cruz parece fuera de toda duda, pero quién la construyó, para qué se erigió y dónde se ubicó es ya harina de otro costal.

Tras leer y releer muchos textos sobre el tema (desde autores cofrades y devotos hasta los ateos más anticlericales) uno solo puede optar por lo más lógico, o lo que le parece más lógico. Personalmente opto por creer la versión de que la cruz de piedra fue erigida en 1650 en homenaje al padre Roelas y la leyenda de los Cinco Caballeros. La mayoría de testimonios ubican la cruz en algún punto a lo largo de la actual Cinco Caballeros, aunque no falta algún que otro investigador que ha ubicado la cruz de Roelas a la altura de los actuales bloques de Los Apóstoles. Sobre la ubicación exacta de la cruz, muchos apuntan a la confluencia entre la calle Tejar de la Cruz y la propia Cinco Caballeros, pero yo me decanto por otra ubicación gracias a un valioso testimonio oral de un antiguo vecino de la zona.

Cierto que un comentario anónimo en internet, en un blog, puede que no sea una prueba fiable e irrefutable, pero el comentario de cierto lector del blog de Paco Muñoz, Notas Cordobesas, me pareció tan interesante como revelador (y creíble). En ese comentario el autor daba importantes pistas sobre la ubicación y, sobre todo, nos aclaraba cómo acabó por desaparecer la cruz. Este autodenominado antiguo vecino que de chaval jugaba por allí, nos relata que la cruz de piedra estaba delante del actual portal Nº 8 de Cinco Caballeros y que de seguir en pie ocuparía parte de la carretera y no de la acera. Aparte de este dato clave también nos comenta que los niños del barrio solían jugar en los alrededores de la cruz y que de tanto subirse a ella acabaron por derrumbarla. Una vez caída y hecha pedazos, seguía relatando el autor, los trozos se echaron en el jardincito contiguo. Para complementar datos, el autor situaba la fecha de los hechos a finales de los años 70.

Bien es cierto que este testimonio anónimo vertido en internet no puede ser irrefutable y tampoco hay manera de comprobarlo fiablemente, pero si yo personalmente me lo creo, lo doy por bueno, y creo que es un relato fiel a los hechos, es por las evidencias que existen que, para mi gusto, corroboran el relato del anónimo comentarista. Es decir, podemos visitar el templete de Cinco Caballeros (el de la virgen y doña Antonia Moya) y llegarnos al jardincito de enfrente que aún conserva abandonados los restos de la cruz de piedra. Originalmente había más restos en ese jardincito y sabemos que un par de ellos se cogieron de allí para usarlos en el templete. En el templete podemos ver la gran piedra redondeada que sirvió de base a la cruz y un trozo de la propia cruz (con una hendidura, por cierto). En el jardincito de enfrente quedaron abandonados otra piedra redondeada de la base, más pequeña que la del templete, y lo que parece la base de la misma cruz con un pedazo de la cruz. Observando los pedazos abandonados se comprueban que los restos del templete y el jardincito parecen del mismo tipo y si los comparamos con la única fotografía que se conserva de la cruz (una de muy mala calidad fechada en los años 50) también se comprueba que coinciden los detalles: la cruz era de forma rectangular, como los pedazos abandonados, y la base sobre la que descansaba eran cuatro o cinco piedras grandes circulares. Todo eso coincide. También me parece lógico que si, como dice el testigo ocular del barrio, la cruz estaba situada frente al portal Nº 8 de Cinco Caballeros, parece más que razonable que al derrumbarse y quedar esas piedras pesadas y difíciles de transportar tiradas por allí se abandonaran justo al lado, en lo que hoy es el jardincito donde descansa un par de esos pedazos. Eso tiene su lógica y concuerda con el relato del autor anónimo y antiguo vecino de la zona. Por supuesto, he intentado consultar planos y antiguos mapas donde se quería señalar la ubicación exacta de la cruz de piedra, de la Cruz de Roelas, y tras visitar algunos blogs y estudiar incluso las superposiciones de mapas, callejeros y planos para ubicar la cruz de Roelas veo que hay dos ubicaciones favoritas: la del cruce entre Tejar de la Cruz y Cinco Caballeros y la de enfrente del Nº 8 de Cinco Caballeros (tal como aseguraba el comentarista anónimo). Puestos a elegir una, claro, me quedo con la segunda, la que relataba el antiguo vecino de la zona.


Presunta ubicación en la actualidad de la Cruz de Roelas (si siguiera en pie)


Presunta ubicación de la cruz a finales de los años 70 en la calle Cinco Caballeros (según un antiguo vecino de la zona)


En rojo he marcado mi ubicación favorita, en azul la más común en la confluencia de Tejar de la Cruz y Cinco Caballeros, y en amarillo la de algún autor que la ubica a la altura de los bloques de Los Apóstoles


Pero uno no se puede conformar con eso, claro. Paseando por Cinco caballeros para inspeccionar la zona y una vez más los restos y contrastarlos con la foto de mala calidad que tenemos de la cruz, sí he podido comprobar que la hendidura que se observa en el pedazo de cruz del templete aparece en la foto, por lo cual tenemos otra razón más para creer que es un resto auténtico de la antigua cruz de piedra. La forma de la cruz, la hendidura y las piedras redondeadas de la base que se atisban en la foto deben confirmar que los restos del templete y del jardincito de en frente son auténticos. Eso sí, una vez comprobado resulta, lógicamente, un tanto decepcionante comprobar que la cruz de piedra no era nada del otro mundo y resulta de lo más vulgar, aunque tampoco quita eso la mítica y la leyenda que la envuelven. Precisamente que los restos nos dejen claro que la cruz era una cosa de poca monta y de lo más vulgar da más credibilidad al relato real, sobre todo al abandono y olvido de unos restos que, supongo, a nadie le parecieron de gran valor (ni siquiera para reciclarlos, como se hace con los sillares árabes que encontraban los campesinos en sus tierras), aunque el que no los hayan querido mover de allí sí que parece haberles dado un valor simbólico.

Pero sigamos investigando un poco más, por si acaso.

En octubre de 2017 se publicó un artículo firmado solo con iniciales (R. C. M.) titulado "La posible Cruz del vía crucis del Señor del Calvario de Córdoba" cuyo primer párrafo dice:

"La hermandad del Calvario tuvo su origen en el primer cuarto del siglo XVIII, concretamente en el año 1722. Una corporación que tenía como objetivo principal la práctica del ejercicio del vía crucis todos los viernes del año por la tarde, además de los domingos y días festivos, exceptuando los correspondientes a las pascuas de Navidad, Resurrección y Espíritu Santo. Para ello, sus hermanos salían en procesión hasta un Calvario instalado en el Marrubial. Así las cosas, existe una hipótesis del lugar donde pudo estar situado este Calvario."

La hipótesis es la que defendería el poeta Pablo García Baena diciendo que la conocida como cruz de piedra en la zona de Cinco Caballeros era en realidad esta cruz de la hermandad del Calvario. Esta versión de la historia no se contradice con lo que tenemos, con el recuerdo de la cruz de piedra de Cinco Caballeros, aunque le restaría importancia simbólica si de verdad fuera el citado calvario del Marrubial y no la cruz del padre Roelas. ¿Lo era? Solo puedo encogerme de hombros.

A la luz de las pruebas, podemos determinar que existió una cruz de piedra en la actual zona de Cinco Caballeros, que seguramente estaba ubicada frente a lo que hoy es el portal Nº 8 de la calle Cinco Caballeros, que seguramente los chavales del barrio la violentaron hasta derrumbarla y quedaron los restos en el jardincito de al lado abandonados (hasta que doña Antonia Moya se acordó de ellos y recicló algunos como ya había reciclado milagros en esta zona propensa a los milagros, como los cristianos reciclaron mezquitas convirtiéndolas en iglesias católicas). Eso es lo que podemos saber. Si la cruz era obra de la hermandad del Calvario o un homenaje al padre Roelas está por comprobar. Quizá solo fuera un humilladero más, lo cual resulta tan vulgar como la cruz de piedra lo era a tenor de los restos. En cualquier caso, aunque descubriéramos la verdad verdadera, la leyenda no se acabaría. La mitología seguiría su curso y la gente seguiría diciendo que por allí estaba la cruz de Roelas. Pero me temo que también es cierto que hasta eso se olvida porque, entre otras cosas, desaparecerán hasta los últimos testigos que vieron en vida la cruz de piedra de Cinco Caballeros.

Lo que sí me ha quedado claro, y al final siempre es una cuestión de fe (pero al menos de fe razonada), es que existió una cruz de piedra en la zona de Cinco Caballeros y que los restos abandonados en la zona son de esa cruz. A estas alturas quizá ya no sabremos nunca nada más del asunto, pero aún quedaría por hacer una investigación en profundidad con medios, voluntad y apoyo público (o eclesiástico). Solo en ese caso podremos sacar más jugo a la historia detrás de la leyenda y el mito.

Eso sí, un apunte final: el silencio actual de la Iglesia Católica al respecto, el abandono u olvido de la cruz del padre Roelas por parte de la jerarquía eclesiástica (o de las parroquias de alrededor) e incluso, por qué no, la falta de memoria o interés de los propios creyentes (más preocupados, al parecer, por el templete y la virgen de Fátima de doña Antonia Moya que por el milagro del padre Roelas que tiene más solera) no deja de ser sorprendente y hasta sospechoso. ¿Por qué olvidar y abandonar la mitología añeja y legendaria de la Cruz de Roelas asociada a la leyenda e historia del barrio y de la propia ciudad para abrazar, en cambio, esa otra mitología más moderna y con menos solera del templete? Permitidme la broma, pero cambiar la Cruz de Roelas por el templete de doña Antonia es como cambiar el Vaticano por el Palmar de Troya. Yo me considero ateo y anticlerical, pero también lo era Borges y no dejó de sentirse fascinado toda su vida por la Biblia y sus historias y leyendas. Yo no creo en Dios, pero creo en la historia. Y la cruz del padre Roelas es parte de la historia. De nuestra historia.

miércoles, 16 de agosto de 2023

LOS INICIOS DEL BARRIO DE LEVANTE (EN FOTOS)

 


  Cuando se habla del barrio de Levante no hay que confundirlo con el Polígono o Distrito de Levante, porque no es lo mismo. Entre los años 1958 y 1962 el ayuntamiento cordobés imaginó lo que debía ser el futuro Polígono de Levante. O sea, lo que se iba a urbanizar a partir de la muralla del Marrubial hacia el este. Los límites iban a ser muy claros: las vías del ferrocarril, el cauce del Pedroches y la vieja carretera de Madrid (la luego conocida como Nacional IV). Por entonces, la avenida de Barcelona se estaba terminando de urbanizar y sería el último límite a tener en cuenta para Levante. En principio, Levante iban a ser los barrios de La Viñuela, Rescatado, Levante y Fátima, luego se les añadiría, administrativamente, los de Sagunto y Zumbacón. Dicenta, el arquitecto municipal, ya preparó los planos para el primer PGOU de la ciudad y a finales de los años 50 diseñó las futuras calles de Pedro Platero de Bares y Hermano Juan Fernández a la vez que la avenida de El Cairo (Saenz de Santamaría, otro de los arquitectos municipales, también ideó por esos años lo que sería la futura Fidiana que tanto tardaría en edificarse y tomar forma definitiva).

A pesar de los planes tan bien diseñados por los arquitectos municipales, el fervor urbanístico y la escasez de vivienda en Córdoba hicieron que se extendieran anomalías por todo el futuro Levante, desde los bloques de pisos del sindicato falangista en zonas como Cinco Caballeros o la antigua huerta La Chiquilla hasta el pintoresco conjunto urbanístico de Los Apostoles de 1962 diseñado por Jaime Alvear Criado. Hasta principios de los 70 no se terminó de urbanizar la avenida de Barcelona, pero para entonces Levante ya estaba en marcha o mejor dicho, levantándose. Una de las peculiaridades del barrio es intentar concretar su límite occidental. Está claro que por el norte está la avenida de Carlos III, por el este el Pedroches y por el sur la Nacional IV, pero por el oeste costaba más definir el límite del barrio. Según las autoridades municipales las avenidas de El Cairo y Rabanales eran los límites del barrio por donde se pone el sol, porque más allá se extendía lo que se conocía popularmente como Cañero Viejo.

Es decir, cuando hablamos del barrio de Levante, para entendernos, hablamos de lo que hay desde las antiguas cocheras de AUCORSA (junto al colegio de Los Califas) hasta el antiguo cauce del Pedroches, con Carlos III y la Nacional IV como límites claros. Eso es el barrio de Levante.

Bueno, claro, siempre podemos extender el barrio hasta la calle Sagunto por Platero de Bares, por ejemplo. Pero eso queda ya al gusto de cada uno, de cada vecino.

Barrio de Levante en 1969

 

En la foto de 1969 que muestra el futuro grueso del barrio de Levante aún por urbanizar (cuyo original ampliado cuelga de una de las paredes de los talleres Liborio & Godoy del barrio de Levante), comprobamos que desde las antiguas cocheraas de AUCORSA hasta el Pedroches casi exclusivamente había campo, antiguos huertos y algunos descampados. Pero ya en esa fecha José Alfonso Mocholi, antiguo dueño de la huerta de Santa María de los LLanos, había empezado a levantar bloques de pisos alrededor de lo que sería la futura Escritor Carrillo Lasso (además de una manzana de bloques en la orilla norte de la futura Hermano Juan Fernández). Esos bloques de pisos en medio de la nada dan un aspecto desolado al lugar, pero en la fotografía se observa que ya se estaban esmerando en construir los cimientos del futuro barrio con el diseño de plazas y calles, entre ellas la plaza de Belén.

Mocholi, cuya empresa constructora tuvo su sede en Carrillo Lasso hasta hace una década, junto con las hermanas Simón Trocoli, fue pionero en eso de levantar bloques de pisos por Levante en los años 60. Ya en los 70, en pleno fervor del ladrillo, se edificaría la mayor parte de lo que hoy es Levante y Fátima.

 

COLECCIÓN DE FOTOS DE LAS OBRAS DEL BARRIO DE LEVANTE EN 1972:





En la colección de media docena de fotos de arriba fechadas en 1972, podemos observar en las dos primeras, al fondo, el edificio del Flex, el antiguo almacén de colchones (donde antes se ubicó la Oficina de Turismo y hoy se ubica Hipermueble) e incluso el puente de Carlos III sobre el Pedroches. En las otras cuatro fotos restantes lo que observamos de fondo son los bloques de siete plantas de las dos orillas de Carlos III. Son fotografías de ese primer y futuro núcleo de bloques de pisos de Levante entre la calle Doctor Gómez Aguado y el futuro colegio Juan de Mena.




En la última foto (la de arriba), ya en color, se puede ver edificado gran parte de Levante, incluso esa primera fila de bloques delante de las cocheras de AUCORSA empezando a dar forma a la avenida de El Cairo. No he conseguido la fecha de la foto, pero teniendo en cuenta la imagen con la calle Doctor Gómez Aguado a medio construir pero ya habitada me aventuró a proponer que fue tomada entre 1973 y 1974. Es decir, se puede ver ya el Nº 4 de Doctor Gómez Aguado donde mis abuelos llegaron en 1973 comprando el 1º-D por 150.000 pesetas de entonces. Pero también se observa que aún están por levantarse la mitad de los bloques que conformarán y concluirán el Pasaje Gonzalez del Campo mientras sigue siendo un descampado lo que serán las futuras plazas de Gibraltar y Cuba además de las futuras calles de Islas Baleares e Islas Canarias. En la foto se puede observar, también, que aparte de urbanizarse la antigua huerta de El Bosque de Villafranca, se ha urbanizado gran parte de la antigua huerta de Santa María de los Llanos (que ya hemos dicho era propiedad de Mocholi, el constructor pionero en el barrio). En la foto ya aparece de fondo el colegio de Los Califas terminado, pero aún quedaría por levantar el Juan de Mena junto al Pedroches. En la parte inferior de la fotografía, donde se observa un bloque de pisos radicalmente cortado con esas paredes blancas, se situaba la última parcela agraria del antiguo Bosque de Villafranca que impediría terminar el barrio por el este, junto al Pedroches, tal y como se había imaginado. O sea, terminando la calle Escritor Cárdenas Angulo que quedará a medio hacer, cortada, hasta ya entrados los años 90 (dicha parcela agraria se vendería o expropiaría en los años 80, hecho que posibilitó la ampliación del colegio Juan de Mena hacia el Pedroches creando las actuales aulas y patio de recreo de los parvulitos).


Hasta aquí un breve repaso a la historia de los inicios del barrio de Levante, donde podría extenderme más con los comentarios, pero hoy, ahora, lo importante, creo yo, eran las fotos, las imágenes de ese pasado reciente que ya nos parece tan lejano. Es mi lejano pasado, ya que yo llegué al mundo en 1975, pero siendo muy niño y jugando en el patio interior de ese piso del Nº 4 de Doctor Gómez Aguado recuerdo ver levantarse los bloques de pisos que acabarían conformando la calle Islas Canarias, casi nada. La actual plaza de Cuba tardaría unos años más aún en llegar, a mediados de los 80.

Descubrir estas fotos ha sido una gozada y he podido recuperar lo que es parte de mi pasado, del pasado de mi barrio, de mi hogar, incluso antes de nacer. Pero uno siempre siente curiosidad y fascinación por cómo fue y se construyó su hogar, ¿no? Bueno, yo al menos siento esa curiosidad y fascinación por el hogar que me tocó, por el lugar donde crecí y jugué de niño y al que, inevitablemente, estoy unido sentimental y emocionalmente (sobre todo porque aparte de ser mi hogar era el hogar de mis abuelos, los que ya no están y siempre echaré mucho de menos). Y no solo me fascina recordar cómo fue el barrio en mi infancia, también cómo fue antes de que fuera, incluso, barrio. Cuando solo era campo, huertas, arroyos, sueño y promesa de un futuro mejor...

martes, 15 de agosto de 2023

HUERTA CHIQUITA (O, MEJOR DICHO, HUERTA "LA CHIQUILLA")


Huerta Chiquilla en el mapa del catastro 1945-1956

 A pesar de que todo el mundo menciona y habla de la "Huerta Chiquita", la verdad es que su nombre siempre fue Huerta La Chiquilla o "Huerta Chiquilla". Según el catastro, ese pedazo de tierra entre el actual colegio y parroquia de Santa María de Guadalupe y la calle San Perfecto era la "Huerta La Chiquilla". Quizá en algún momento de la historia alguien al escribir o copiar el nombre se confundió y puso "Huerta Chiquita" y los que vinieron después lo leyeron y repitieron el error ad infinitum quedando como nombre o topónimo popular eso de "Huerta Chiquita". Yo no descubrí el asunto hasta toparme por casualidad con una web de una inmobiliaria anunciando la venta de un inmueble en la calle Cartago y, leyendo los detalles, me encontré con el siguiente párrafo:

"100% del pleno dominio. finca 2/68869. urbana. solar señalado con el nº 17, en la calle c, hoy calle cartago, en la reparcelación de la huerta la chiquilla, de esta capital. tiene una linea de fachada de seis metros sesenta y cinco centímetros. ocupa una superficie total de seiscientos seis metros cuadrados. ref. cat: 5357812ug4955n0001be. actualmente, cl cartago 19 14007 cordoba [córdoba]. en el catastro figura que en el solar existe una construcción con destino a oficina (138 m2), almacén (235 m2) y vivienda (112 m2)"

Huerta Chiquilla señalada en el mapa de 1896 donde se indican veredas y caminos vecinales públicos



Sorprendido y maravillado por el asunto, empecé a investigarlo. Sí, en el mismo mapa del catastro de mediados del siglo XX se puede leer claro lo de "Huerta Chiquilla", entre la huerta del Pilero y El Marrubial. También aparece con ese nombre, "Chiquilla", en el mapa de 1896 que se puede observar más arriba. En todo documento testamentario o del ayuntamiento el nombre que aparece es Chiquilla o La Chiquilla confirmando y reafirmando que lo de "Huerta Chiquita" es una variación/deformación que a saber de dónde salió. Bueno, a estas alturas poco importa ya el error tipográfico. Los nombres populares por deformación son populares y, por tanto, patrimonio del pueblo y eso no se puede ni se debe cambiar. Pero es cierto que, personalmente, prefiero el nombre más bonito y poético de "La Chiquilla", además de que resulta más andaluz y cordobés, si acaso.

La historia de la Huerta La Chiquilla, tras ser otra huerta más, sin nada de particular en el que fue ruedo de huertas a las afueras de Córdoba, se acabará un día de julio de 1948 cuando se aprueba, por parte del ayuntamiento, la parcelación de la finca. Las primeras casitas que se levantan serán las que dan a la futura avenida Rabanales. En el plano del catastro de la época, años 50, se pueden ver ya las primeras casitas edificadas en las primeras parcelaciones de la huerta mientras en lo que aún tiene de huerta se mantiene la casa de la finca, una alberca y un tejar. Para cuando el vuelo de la USAF pasa por encima y hace sus fotos (fecha oficial 1957, según los documentos del ayuntamiento) la Huerta La Chiquilla ya está por completo edificada con esas casitas al estilo de las que levantó La Solariega en Puerta Plasencia (por cierto, esas primeras casas alrededor de la calle Álvaro Paulo tuvieron un primer nombre, quizá hoy un tanto olvidado, y que no era otro que el de "barrio del Marrubial"). Cierto que en la esquina que mira a la futura calle Conquistador Benito de Baños el sindicato falangista levantará un par de bloques de pisos (uno de ellos con la farmacia que se mantiene hoy en día y que estuvo, estratégicamente, frente al antiguo ambulatorio de Benito de Baños). Ese par de bloques se terminaron en 1958, del mismo idéntico estilo que los que se levantaron por parte del sindicato en Cinco Caballeros en la misma época.

Sí, por supuesto, la antigua Huerta La Chiquilla fue pionera en el asunto de la urbanización y los bloques de pisos en Levante. Como se puede ver en las fotos del vuelo de la USAF, lo que luego se conoce como Edisol, Sagunto y Los Apóstoles no existían aún y la ciudad, como bien apuntaba en su día Manuel Estévez, terminaba en la calle Cronista Maraver. Mientras tanto, junto a la Huerta La Chiquilla o Huerta Chiquita como la conocen todos, se mantenía la huerta del Pilero reconvertida a la industria del ganado porcino. Juan Costi, antiguo propietario de la huerta de La Palma, compraría en los años 40 el Pilero para poder estar más cerca del matadero municipal. La historia porcina de Costi no deja de ser curiosa. Prohibiéndole el ayuntamiento establecerse cerca del cementerio (lo que quería decir cerca del matadero), compró la huerta de La Palma para establecer allí a sus cerdos, pero en cuanto pudo comprar la del Pilero vio la posibilidad de acercarse más al matadero y vendería La Palma a José Navarro (pero lo de Navarro eso ya es otra historia para otra entrada). Costi mantuvo su negocio durante mucho tiempo, al estilo de Celestino Gómez el cual tenía su matadero junto a las futuras cocheras de AUCORSA (donde hoy se levanta, precisamente, el "Edificio Celestino Gómez") en lo que era la parcelación más occidental de la antigua huerta del Bosque de Villafranca.


La huerta del Pilero se mantendría intacta algún tiempo, hasta que también sucumbió a la parcelación cuando no a la expropiación (como pasaría con la futura construcción de la avenida de Carlos III). En terrenos del Pilero se levantaron el futuro instituto Blas Infante y el futuro colegio Pablo de Céspedes (que hoy día ha perdido su nombre fusionándose con el Blas Infante, algo que lamento porque fui alumno del Pablo de Céspedes, claro). Pero es cierto que la industria porcina sobrevivió durante los años setenta y que hasta mediados de los ochenta no se empezaron a edificar las últimas parcelas del Pilero, precisamente frente al instituto y el colegio, terminando de conformar la actual calle Pedro Platero de Bares. Mientras, la huerta La Chiquilla era un conjunto de casas de estilo rural y el par de bloques de pisos falangistas, pero ese aspecto rural al estilo de La Solariega o Cañero pronto se vería empañado por la venta de las casas, los solares, y las nuevas edificaciones de dos o tres plantas construidas sin mucho respeto por el paisaje circundante. Bien es cierto que aún hoy se conservan algunas casas originales de una sola planta y estilo rural, pero están tan condenadas a desaparecer como las de Puerta Plasencia (no así en Cañero que según el PGOU de 1986, ese que presentaría Herminio Trigo tras mucho batallarlo, protegía el paisaje original del barrio de Cañero con su estilo rural, capricho, por cierto, de Fray Albino que convirtió el proyecto en una postal campestre de vida sencilla, devota y humilde frente al urbanismo frío y pagano que se iba a imponer alrededor de tan pintoresco barrio. Supongo que para Fray Albino el barrio de Cañero era como una especie de Paraíso Perdido frente a la Córdoba-Babilonia moderna)

Es cierto, Huerta Chiquita o La Chiquilla, iba a ser por algún tiempo recordatorio de los modestos inicios urbanos de Levante, pero el barrio o distrito de Levante estaba condenado con el PGOU de 1958 (y sus reformas parciales de 1962, 1972 y 1973) a ser otra zona atestada de bloques de pisos, porque hacía falta vivienda y mucha para todos los que emigraron del campo para buscarse las habichuelas en la "gran ciudad" (por cierto, algunos ya habían emigrado del campo tiempo atrás y sobrevivieron en los infames chozos del Zumbacón antes, durante y después de la guerra civil hasta que los "llevaron" al Sector Sur. Curiosamente, muchos de esos emigrantes del Zumbacón volverían por estos lares a comprarse modernos pisos en Levante, como mis propios abuelos que llegaron en 1973 desde el Sector Sur, tras criarse en el Zumbacón o la calle San Acisclo, y se compraron por 150.000 pesetas de entonces lo que hoy es el 1º-D del portal Nº 4 de la calle Doctor Gómez Aguado...cuando la calle Doctor Gómez Aguado no estaba aún terminada ni tenía alumbrado)

En Levante todo empezó con la Huerta Chiquita (nombre ya popular que no sabemos quién equivocó), pero curiosamente los arquitectos del ayuntamiento se fijaron en las casas de autoconstrucción de esa huerta para tener en cuenta lo que NO HABÍA QUE HACER en un barrio moderno. Nada de casas unifamiliares de estilo rural como en Cañero, no. Levante tenía que ser un barrio moderno de bloques de pisos, aunque sin pasarse. El límite de altura se fijó en cuatro plantas, salvo a orillas de Carlos III donde se extendía el límite hasta las siete plantas (algo fijado en el plan parcial para Levante de 1972-73). A partir de 1958 (en realidad, el PGOU de 1958 no se empezó a desarrollar hasta 1962), el consabido desenfreno por el ladrillo, el hormigón y el asfalto vomitado sobre el futuro barrio hasta el cauce del Pedroches (límite natural y oficial del barrio).

A pesar de todos los planes y rectificaciones, el barrio de Levante no dejó de ser algo anárquico urbanísticamente al conservarse trazados antiguos y obsoletos (como los del antiguo camino de la Choza del Cojo, luego Hermano Juan Fernández, o el camino de la Alcaidía, futura avenida de Rabanales). Dicenta, el fatigado arquitecto municipal, se despediría del cargo con un último PGOU poco conocido y poco desarrollado aprobado en 1978 (he de suponer que, al llegar la democracia a los ayuntamientos, ese PGOU de 1978 no interesó demasiado a los que llegaron al poder en 1979). A pesar de que aquel último PGOU "franquista", por así decir, quedó en agua de borrajas no era un mal plan puesto que decidía dar más equipamientos urbanos y servicios públicos al polígono de Levante. Ese plan diseñó el futuro colegio Séneca y también había diseñado un centro cívico para Levante que nunca llegó a construirse y cuya ubicación estaba prevista en lo que hoy es el Salón de Actos del Blas Infante (a orillas de Carlos III, parcela que estuvo desocupada durante muchos años hasta que alguien decidió usarla para ampliar el instituto de bachillerato). El PGOU de 1978 preveía dar a Levante muchos de esos equipamientos urbanos de los que escaseaba (colegios, parques, jardines, centros cívicos), pero apenas pudo desarrollarse. Y hemos de lamentarlo, al menos los que vivimos en Levante en los años 80 (cuando Levante abundaba en solares vacíos listos para especular con ellos, descampados dejados de la mano de Dios y escaseaba en aceras, pavimentación decente, parques, jardines o farolas, por ejemplo...¿alguien recuerda el lamentable estado de la plaza de Belén a mediados de los años 80?).

Uno de los bloques de pisos del sindicato falangista en Huerta Chiquita



Pero todo empezó con la Huerta La Chiquilla o Chiquita, con ese rinconcito pintoresco del barrio. Ahora menos pintoresco, más moderno. Algunas casitas siguen en pie, igual que el par de bloques falangistas de los años 50 con sus símbolos falangistas a la vista (pero es que todo Levante está lleno de yugos y flechas en placas plateadas junto a los portales, ¿verdad?). Aunque de la huerta nada queda, ¡ni siquiera su auténtico nombre! Pero yo ahora reivindico su recuerdo y su nombre auténtico. Sí, una vez hubo una huerta llamada La Chiquilla, precioso nombre para una huerta, y estaba aquí, en Levante, junto a Lepanto, cerca del charcón que formaba la confluencia del arroyo de las Piedras con la Hormiguita (y ya sé que algunos prefieren llamarlo del Camello, al estilo del padre Roelas, pero puesto que junto al arroyo existía una "haza de la Hormiguita" creo que es justo darle ese nombre, al menos para los que nos hemos criado en este barrio, y ya se sabe que los arroyos cambian de nombre según por el barrio que pasen...y si no que se lo digan al de las Piedras que fue, entre otros, también, el arroyo de San Cristóbal, de las Peñas, de la Fuensanta y de Santa Matilde...)

Nota final: quiero agradecer las gratas lecturas, datos y anécdotas entrañables que me han proporcionado en los últimos años blogs dedicados a la historia cordobesa como los de Manuel Estévez, Laurentino, Puerta de Osario o las Notas Cordobesas de Paco Muñoz. Gracias a ellos, inspirado por ellos, ahora escribo yo esto. Ya decía Borges que la literatura es una tradición y que cada escritor aportaba su granito de arena a esa tradición. Así que dentro de los que rememoran, recuperan y reivindican la historia/memoria de Córdoba, me quiero unir para aportar mi granito de arena,...por si sirviera de algo, claro.

Para mi texto he consultado, entre otras fuentes, los siguientes textos tan interesantes como recomendables para cualquiera que quiera saber más de Córdoba y sus barrios:

"Levante" artículo de Juan Antonio García Molina publicado en El Pregonero, Marzo de 1993

"Cartografía y Fotografía de un Siglo de Urbanismo en Córdoba 1851/1958" de Francisco R. García Verdugo y Cristina Martín López (Gerencia municipal de Urbanismo-Ayuntamiento de Córdoba, 1994)

"Los alcaldes y las corporaciones democráticas de Córdoba (1979-2003)" Jesús Padilla González (2004, Ayuntamiento de Córdoba)

"La Barriada de Cañero, una pieza singular en el desarrollo urbano de Córdoba" Federico Abad (Utopía libros, 2016)

Antiguas casitas originales de Huerta Chiquita que han sobrevivido hasta hoy

FOTOS DEL CINE "EL IMPERIAL"

                                                 Fotos originales (Barrio de Levante años 70's)   Cualquiera que se haya molestado en in...