Bien es cierto que la leyenda milagrera asociada al padre Roelas es harto confusa y cuenta con varias versiones que incluso se contradicen. Por ese lado, el de San Rafael, los mártires y las visiones de Roelas, poco se puede sacar en claro. Ni siquiera contamos con el testimonio directo de Andrés de las Roelas, sino con diversos testimonios de personas que dieron publicidad al asunto muchos años después de la muerte del religioso. Si eso ya era algo de esperar, no dejó de sorprenderme que al investigar tampoco se pudiera aclarar de dónde salía la famosa Cruz de Roelas. Me he hartado de leer textos sobre la cruz y, al igual que con los milagros y apariciones, hay distintas versiones sobre el origen y lo que fue en verdad la mítica "cruz de piedra". Tampoco, para más inri, tenemos a mano la ubicación exacta. Y eso que hablamos de una cruz de piedra de considerable tamaño y peso que aguantó siglos en pie y que al menos sobrevivió hasta la segunda mitad del siglo XX. ¿Cómo es posible que sepamos tan poco de la cruz, su ubicación y su origen?
En las distintas versiones de la historia de la cruz hay quien asegura que el padre Roelas se sentó junto a esa cruz de piedra cuando tuvo la aparición de los Cinco Caballeros. Otras versiones apuntan a que la cruz se construyó en 1650 en honor del padre Roelas, muchos años después de su muerte. Incluso tenemos la teoría del gran poeta cordobés Pablo García Baena, muy devoto de estas cosas, que apunta a que la famosa cruz de piedra era en realidad una obra de la hermandad del Calvario fundada en 1772 y que hacía su vía crucis en el Marrubial. ¿Cuál de las versiones se acerca más a la verdad? ¿Era la cruz de piedra un humilladero que existía antes de las visiones de Roelas? ¿Se erigió en honor del padre Roelas años después de su muerte? ¿O fue una obra de los hermanos del Calvario del siglo XVIII?
A veces pasa, cuanto más escarbas en un misterio histórico menos te aclaras porque las dudas y versiones de un mismo hecho se multiplican y van floreciendo por doquier. Al pensar en ello, decidí que lo primero era tratar de saber quién era el dichoso padre Roelas y para ello me sirvió, y mucho, un escrito de Antonio Jesús Rodríguez Castilla (abogado, juez de lo social y devoto cofrade) publicado hace más de tres años en La Voz y que trataba de echar luz sobre la oscura figura de Roelas. En ese artículo periodístico se aclara que Andrés de las Roelas, según un documento testamental, no nació en Córdoba sino en Las Posadas lo que contradice el documento eclesiástico sobre las apariciones que describía a Roelas como natural de la ciudad de Córdoba. Aparte de eso, Rodríguez Castilla ahonda en la vida del religioso y lo hace a través del testamento del padre del religioso, que tenía tierras y bienes tanto en Posadas como en la sierra de Hornachuelos. Al parecer, Andrés de las Roelas procedía de familia noble y con dinero, pasó temporadas en la ciudad de Córdoba de niño gracias a sus abuelos, pero ya de mayor, según comentario propio, estuvo largas temporadas fuera de Córdoba. Primero pasó su tiempo en Posadas haciendo vida eremítica en el pago de Torilejo, propiedad de su familia, donde según cuenta la leyenda un leñador encontró una virgen de alabastro oculta en una encina. Roelas fascinado por ese relato se dedicó a vivir allí como un ermitaño. Lo curioso es que Roelas, tras las apariciones en otro pago, el del Marrubial, se fue a vivir a Madrid, a la corte de Madrid, incluso haciendo negocios con el rey Felipe II. Sí, al parecer el padre Roelas no estuvo llevando siempre esa vida tan sencilla y austera de la que alardeaban algunos, y no deja de ser curioso que tras sus encuentros con San Rafael se dedicara a trapichear en la corte de Felipe II. Admito que eso no me lo esperaba, pero eso lo hace más interesante como personaje histórico, claro.
Dejando ya Madrid y sus aventuras en la Corte Real, Roelas volvió a Posadas, de nuevo al pago de Torilejo, habitando en un monasterio donde moriría en 1587 (todos los autores coinciden en que Roelas nació en el año 1525). Es curioso que muchos autores que hablaron largo y tendido de Roelas no fueran de su época ni lo conocieran de verdad y que solo Juan del Pino, sacerdote y amigo íntimo de Roelas, escribió sobre él habiéndole tratado y conociéndole a fondo (de hecho, Juan del Pino es el autor del relato de las apariciones de Roelas para el proceso que tuvo lugar en el Concilio de Toledo y por el que fueron reconocidas como tales, las reliquias de los santos mártires de Córdoba).
Visto lo visto, ahora sabemos algo más de Roelas, aparte de su fama de discreto y virtuoso, pero curiosamente nadie ha propuesto beatificarlo ni nada parecido. Una vez tenemos una idea del religioso, nos fijaremos en el asunto de las apariciones. O mejor dicho, de cinco visiones acústicas, porque según parece solo escuchó una voz, la de San Rafael, para luego llegar a la archifamosa anécdota de su salida por Puerta de Plasencia a tomar el fresco por el pago del Marrubial, a la altura del arroyo del Camello (por cierto, intentar situar exactamente dónde se paró a descansar el padre Roelas tampoco es fácil, entre otras razones porque según los autores que consultes existieron dos arroyos distintos llamados del Camello por el pago del Marrubial). Así, pues, el padre Roelas, según cuentan, vio a los cinco caballeros fantasmagóricos junto al arroyo del Camello. Lo que pasó entonces y se dijo, o se dejó de decir, ya cuenta con varias versiones. Por supuesto, todo suena a leyenda, a cuento de viejas e incluso para alguien profundamente religioso resultará complejo llegar a aclararse que es lo que pasó en realidad con Roelas y los cinco caballeros. Tampoco es que importe mucho, lo que cuenta es la popularidad de la leyenda y el convertirse en un lugar mítico, pero...¿qué lugar es ese?
Templete de Cinco Caballeros con algunos restos de la cruz como la gran piedra redondeada que sirvió de base
Tras leer y releer muchos textos sobre el tema (desde autores cofrades y devotos hasta los ateos más anticlericales) uno solo puede optar por lo más lógico, o lo que le parece más lógico. Personalmente opto por creer la versión de que la cruz de piedra fue erigida en 1650 en homenaje al padre Roelas y la leyenda de los Cinco Caballeros. La mayoría de testimonios ubican la cruz en algún punto a lo largo de la actual Cinco Caballeros, aunque no falta algún que otro investigador que ha ubicado la cruz de Roelas a la altura de los actuales bloques de Los Apóstoles. Sobre la ubicación exacta de la cruz, muchos apuntan a la confluencia entre la calle Tejar de la Cruz y la propia Cinco Caballeros, pero yo me decanto por otra ubicación gracias a un valioso testimonio oral de un antiguo vecino de la zona.
Cierto que un comentario anónimo en internet, en un blog, puede que no sea una prueba fiable e irrefutable, pero el comentario de cierto lector del blog de Paco Muñoz, Notas Cordobesas, me pareció tan interesante como revelador (y creíble). En ese comentario el autor daba importantes pistas sobre la ubicación y, sobre todo, nos aclaraba cómo acabó por desaparecer la cruz. Este autodenominado antiguo vecino que de chaval jugaba por allí, nos relata que la cruz de piedra estaba delante del actual portal Nº 8 de Cinco Caballeros y que de seguir en pie ocuparía parte de la carretera y no de la acera. Aparte de este dato clave también nos comenta que los niños del barrio solían jugar en los alrededores de la cruz y que de tanto subirse a ella acabaron por derrumbarla. Una vez caída y hecha pedazos, seguía relatando el autor, los trozos se echaron en el jardincito contiguo. Para complementar datos, el autor situaba la fecha de los hechos a finales de los años 70.
Bien es cierto que este testimonio anónimo vertido en internet no puede ser irrefutable y tampoco hay manera de comprobarlo fiablemente, pero si yo personalmente me lo creo, lo doy por bueno, y creo que es un relato fiel a los hechos, es por las evidencias que existen que, para mi gusto, corroboran el relato del anónimo comentarista. Es decir, podemos visitar el templete de Cinco Caballeros (el de la virgen y doña Antonia Moya) y llegarnos al jardincito de enfrente que aún conserva abandonados los restos de la cruz de piedra. Originalmente había más restos en ese jardincito y sabemos que un par de ellos se cogieron de allí para usarlos en el templete. En el templete podemos ver la gran piedra redondeada que sirvió de base a la cruz y un trozo de la propia cruz (con una hendidura, por cierto). En el jardincito de enfrente quedaron abandonados otra piedra redondeada de la base, más pequeña que la del templete, y lo que parece la base de la misma cruz con un pedazo de la cruz. Observando los pedazos abandonados se comprueban que los restos del templete y el jardincito parecen del mismo tipo y si los comparamos con la única fotografía que se conserva de la cruz (una de muy mala calidad fechada en los años 50) también se comprueba que coinciden los detalles: la cruz era de forma rectangular, como los pedazos abandonados, y la base sobre la que descansaba eran cuatro o cinco piedras grandes circulares. Todo eso coincide. También me parece lógico que si, como dice el testigo ocular del barrio, la cruz estaba situada frente al portal Nº 8 de Cinco Caballeros, parece más que razonable que al derrumbarse y quedar esas piedras pesadas y difíciles de transportar tiradas por allí se abandonaran justo al lado, en lo que hoy es el jardincito donde descansa un par de esos pedazos. Eso tiene su lógica y concuerda con el relato del autor anónimo y antiguo vecino de la zona. Por supuesto, he intentado consultar planos y antiguos mapas donde se quería señalar la ubicación exacta de la cruz de piedra, de la Cruz de Roelas, y tras visitar algunos blogs y estudiar incluso las superposiciones de mapas, callejeros y planos para ubicar la cruz de Roelas veo que hay dos ubicaciones favoritas: la del cruce entre Tejar de la Cruz y Cinco Caballeros y la de enfrente del Nº 8 de Cinco Caballeros (tal como aseguraba el comentarista anónimo). Puestos a elegir una, claro, me quedo con la segunda, la que relataba el antiguo vecino de la zona.
Pero uno no se puede conformar con eso, claro. Paseando por Cinco caballeros para inspeccionar la zona y una vez más los restos y contrastarlos con la foto de mala calidad que tenemos de la cruz, sí he podido comprobar que la hendidura que se observa en el pedazo de cruz del templete aparece en la foto, por lo cual tenemos otra razón más para creer que es un resto auténtico de la antigua cruz de piedra. La forma de la cruz, la hendidura y las piedras redondeadas de la base que se atisban en la foto deben confirmar que los restos del templete y del jardincito de en frente son auténticos. Eso sí, una vez comprobado resulta, lógicamente, un tanto decepcionante comprobar que la cruz de piedra no era nada del otro mundo y resulta de lo más vulgar, aunque tampoco quita eso la mítica y la leyenda que la envuelven. Precisamente que los restos nos dejen claro que la cruz era una cosa de poca monta y de lo más vulgar da más credibilidad al relato real, sobre todo al abandono y olvido de unos restos que, supongo, a nadie le parecieron de gran valor (ni siquiera para reciclarlos, como se hace con los sillares árabes que encontraban los campesinos en sus tierras), aunque el que no los hayan querido mover de allí sí que parece haberles dado un valor simbólico.
Pero sigamos investigando un poco más, por si acaso.
En octubre de 2017 se publicó un artículo firmado solo con iniciales (R. C. M.) titulado "La posible Cruz del vía crucis del Señor del Calvario de Córdoba" cuyo primer párrafo dice:
"La hermandad del Calvario tuvo su origen en el primer cuarto del siglo XVIII, concretamente en el año 1722. Una corporación que tenía como objetivo principal la práctica del ejercicio del vía crucis todos los viernes del año por la tarde, además de los domingos y días festivos, exceptuando los correspondientes a las pascuas de Navidad, Resurrección y Espíritu Santo. Para ello, sus hermanos salían en procesión hasta un Calvario instalado en el Marrubial. Así las cosas, existe una hipótesis del lugar donde pudo estar situado este Calvario."
La hipótesis es la que defendería el poeta Pablo García Baena diciendo que la conocida como cruz de piedra en la zona de Cinco Caballeros era en realidad esta cruz de la hermandad del Calvario. Esta versión de la historia no se contradice con lo que tenemos, con el recuerdo de la cruz de piedra de Cinco Caballeros, aunque le restaría importancia simbólica si de verdad fuera el citado calvario del Marrubial y no la cruz del padre Roelas. ¿Lo era? Solo puedo encogerme de hombros.
A la luz de las pruebas, podemos determinar que existió una cruz de piedra en la actual zona de Cinco Caballeros, que seguramente estaba ubicada frente a lo que hoy es el portal Nº 8 de la calle Cinco Caballeros, que seguramente los chavales del barrio la violentaron hasta derrumbarla y quedaron los restos en el jardincito de al lado abandonados (hasta que doña Antonia Moya se acordó de ellos y recicló algunos como ya había reciclado milagros en esta zona propensa a los milagros, como los cristianos reciclaron mezquitas convirtiéndolas en iglesias católicas). Eso es lo que podemos saber. Si la cruz era obra de la hermandad del Calvario o un homenaje al padre Roelas está por comprobar. Quizá solo fuera un humilladero más, lo cual resulta tan vulgar como la cruz de piedra lo era a tenor de los restos. En cualquier caso, aunque descubriéramos la verdad verdadera, la leyenda no se acabaría. La mitología seguiría su curso y la gente seguiría diciendo que por allí estaba la cruz de Roelas. Pero me temo que también es cierto que hasta eso se olvida porque, entre otras cosas, desaparecerán hasta los últimos testigos que vieron en vida la cruz de piedra de Cinco Caballeros.
Lo que sí me ha quedado claro, y al final siempre es una cuestión de fe (pero al menos de fe razonada), es que existió una cruz de piedra en la zona de Cinco Caballeros y que los restos abandonados en la zona son de esa cruz. A estas alturas quizá ya no sabremos nunca nada más del asunto, pero aún quedaría por hacer una investigación en profundidad con medios, voluntad y apoyo público (o eclesiástico). Solo en ese caso podremos sacar más jugo a la historia detrás de la leyenda y el mito.
Eso sí, un apunte final: el silencio actual de la Iglesia Católica al respecto, el abandono u olvido de la cruz del padre Roelas por parte de la jerarquía eclesiástica (o de las parroquias de alrededor) e incluso, por qué no, la falta de memoria o interés de los propios creyentes (más preocupados, al parecer, por el templete y la virgen de Fátima de doña Antonia Moya que por el milagro del padre Roelas que tiene más solera) no deja de ser sorprendente y hasta sospechoso. ¿Por qué olvidar y abandonar la mitología añeja y legendaria de la Cruz de Roelas asociada a la leyenda e historia del barrio y de la propia ciudad para abrazar, en cambio, esa otra mitología más moderna y con menos solera del templete? Permitidme la broma, pero cambiar la Cruz de Roelas por el templete de doña Antonia es como cambiar el Vaticano por el Palmar de Troya. Yo me considero ateo y anticlerical, pero también lo era Borges y no dejó de sentirse fascinado toda su vida por la Biblia y sus historias y leyendas. Yo no creo en Dios, pero creo en la historia. Y la cruz del padre Roelas es parte de la historia. De nuestra historia.





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