A pesar de que todo el mundo menciona y habla de la "Huerta Chiquita", la verdad es que su nombre siempre fue Huerta La Chiquilla o "Huerta Chiquilla". Según el catastro, ese pedazo de tierra entre el actual colegio y parroquia de Santa María de Guadalupe y la calle San Perfecto era la "Huerta La Chiquilla". Quizá en algún momento de la historia alguien al escribir o copiar el nombre se confundió y puso "Huerta Chiquita" y los que vinieron después lo leyeron y repitieron el error ad infinitum quedando como nombre o topónimo popular eso de "Huerta Chiquita". Yo no descubrí el asunto hasta toparme por casualidad con una web de una inmobiliaria anunciando la venta de un inmueble en la calle Cartago y, leyendo los detalles, me encontré con el siguiente párrafo:
"100% del pleno dominio. finca 2/68869. urbana. solar señalado con el nº 17, en la calle c, hoy calle cartago, en la reparcelación de la huerta la chiquilla, de esta capital. tiene una linea de fachada de seis metros sesenta y cinco centímetros. ocupa una superficie total de seiscientos seis metros cuadrados. ref. cat: 5357812ug4955n0001be. actualmente, cl cartago 19 14007 cordoba [córdoba]. en el catastro figura que en el solar existe una construcción con destino a oficina (138 m2), almacén (235 m2) y vivienda (112 m2)"
Sorprendido y maravillado por el asunto, empecé a investigarlo. Sí, en el mismo mapa del catastro de mediados del siglo XX se puede leer claro lo de "Huerta Chiquilla", entre la huerta del Pilero y El Marrubial. También aparece con ese nombre, "Chiquilla", en el mapa de 1896 que se puede observar más arriba. En todo documento testamentario o del ayuntamiento el nombre que aparece es Chiquilla o La Chiquilla confirmando y reafirmando que lo de "Huerta Chiquita" es una variación/deformación que a saber de dónde salió. Bueno, a estas alturas poco importa ya el error tipográfico. Los nombres populares por deformación son populares y, por tanto, patrimonio del pueblo y eso no se puede ni se debe cambiar. Pero es cierto que, personalmente, prefiero el nombre más bonito y poético de "La Chiquilla", además de que resulta más andaluz y cordobés, si acaso.
La historia de la Huerta La Chiquilla, tras ser otra huerta más, sin nada de particular en el que fue ruedo de huertas a las afueras de Córdoba, se acabará un día de julio de 1948 cuando se aprueba, por parte del ayuntamiento, la parcelación de la finca. Las primeras casitas que se levantan serán las que dan a la futura avenida Rabanales. En el plano del catastro de la época, años 50, se pueden ver ya las primeras casitas edificadas en las primeras parcelaciones de la huerta mientras en lo que aún tiene de huerta se mantiene la casa de la finca, una alberca y un tejar. Para cuando el vuelo de la USAF pasa por encima y hace sus fotos (fecha oficial 1957, según los documentos del ayuntamiento) la Huerta La Chiquilla ya está por completo edificada con esas casitas al estilo de las que levantó La Solariega en Puerta Plasencia (por cierto, esas primeras casas alrededor de la calle Álvaro Paulo tuvieron un primer nombre, quizá hoy un tanto olvidado, y que no era otro que el de "barrio del Marrubial"). Cierto que en la esquina que mira a la futura calle Conquistador Benito de Baños el sindicato falangista levantará un par de bloques de pisos (uno de ellos con la farmacia que se mantiene hoy en día y que estuvo, estratégicamente, frente al antiguo ambulatorio de Benito de Baños). Ese par de bloques se terminaron en 1958, del mismo idéntico estilo que los que se levantaron por parte del sindicato en Cinco Caballeros en la misma época.
Sí, por supuesto, la antigua Huerta La Chiquilla fue pionera en el asunto de la urbanización y los bloques de pisos en Levante. Como se puede ver en las fotos del vuelo de la USAF, lo que luego se conoce como Edisol, Sagunto y Los Apóstoles no existían aún y la ciudad, como bien apuntaba en su día Manuel Estévez, terminaba en la calle Cronista Maraver. Mientras tanto, junto a la Huerta La Chiquilla o Huerta Chiquita como la conocen todos, se mantenía la huerta del Pilero reconvertida a la industria del ganado porcino. Juan Costi, antiguo propietario de la huerta de La Palma, compraría en los años 40 el Pilero para poder estar más cerca del matadero municipal. La historia porcina de Costi no deja de ser curiosa. Prohibiéndole el ayuntamiento establecerse cerca del cementerio (lo que quería decir cerca del matadero), compró la huerta de La Palma para establecer allí a sus cerdos, pero en cuanto pudo comprar la del Pilero vio la posibilidad de acercarse más al matadero y vendería La Palma a José Navarro (pero lo de Navarro eso ya es otra historia para otra entrada). Costi mantuvo su negocio durante mucho tiempo, al estilo de Celestino Gómez el cual tenía su matadero junto a las futuras cocheras de AUCORSA (donde hoy se levanta, precisamente, el "Edificio Celestino Gómez") en lo que era la parcelación más occidental de la antigua huerta del Bosque de Villafranca.
La huerta del Pilero se mantendría intacta algún tiempo, hasta que también sucumbió a la parcelación cuando no a la expropiación (como pasaría con la futura construcción de la avenida de Carlos III). En terrenos del Pilero se levantaron el futuro instituto Blas Infante y el futuro colegio Pablo de Céspedes (que hoy día ha perdido su nombre fusionándose con el Blas Infante, algo que lamento porque fui alumno del Pablo de Céspedes, claro). Pero es cierto que la industria porcina sobrevivió durante los años setenta y que hasta mediados de los ochenta no se empezaron a edificar las últimas parcelas del Pilero, precisamente frente al instituto y el colegio, terminando de conformar la actual calle Pedro Platero de Bares. Mientras, la huerta La Chiquilla era un conjunto de casas de estilo rural y el par de bloques de pisos falangistas, pero ese aspecto rural al estilo de La Solariega o Cañero pronto se vería empañado por la venta de las casas, los solares, y las nuevas edificaciones de dos o tres plantas construidas sin mucho respeto por el paisaje circundante. Bien es cierto que aún hoy se conservan algunas casas originales de una sola planta y estilo rural, pero están tan condenadas a desaparecer como las de Puerta Plasencia (no así en Cañero que según el PGOU de 1986, ese que presentaría Herminio Trigo tras mucho batallarlo, protegía el paisaje original del barrio de Cañero con su estilo rural, capricho, por cierto, de Fray Albino que convirtió el proyecto en una postal campestre de vida sencilla, devota y humilde frente al urbanismo frío y pagano que se iba a imponer alrededor de tan pintoresco barrio. Supongo que para Fray Albino el barrio de Cañero era como una especie de Paraíso Perdido frente a la Córdoba-Babilonia moderna)
Es cierto, Huerta Chiquita o La Chiquilla, iba a ser por algún tiempo recordatorio de los modestos inicios urbanos de Levante, pero el barrio o distrito de Levante estaba condenado con el PGOU de 1958 (y sus reformas parciales de 1962, 1972 y 1973) a ser otra zona atestada de bloques de pisos, porque hacía falta vivienda y mucha para todos los que emigraron del campo para buscarse las habichuelas en la "gran ciudad" (por cierto, algunos ya habían emigrado del campo tiempo atrás y sobrevivieron en los infames chozos del Zumbacón antes, durante y después de la guerra civil hasta que los "llevaron" al Sector Sur. Curiosamente, muchos de esos emigrantes del Zumbacón volverían por estos lares a comprarse modernos pisos en Levante, como mis propios abuelos que llegaron en 1973 desde el Sector Sur, tras criarse en el Zumbacón o la calle San Acisclo, y se compraron por 150.000 pesetas de entonces lo que hoy es el 1º-D del portal Nº 4 de la calle Doctor Gómez Aguado...cuando la calle Doctor Gómez Aguado no estaba aún terminada ni tenía alumbrado)
En Levante todo empezó con la Huerta Chiquita (nombre ya popular que no sabemos quién equivocó), pero curiosamente los arquitectos del ayuntamiento se fijaron en las casas de autoconstrucción de esa huerta para tener en cuenta lo que NO HABÍA QUE HACER en un barrio moderno. Nada de casas unifamiliares de estilo rural como en Cañero, no. Levante tenía que ser un barrio moderno de bloques de pisos, aunque sin pasarse. El límite de altura se fijó en cuatro plantas, salvo a orillas de Carlos III donde se extendía el límite hasta las siete plantas (algo fijado en el plan parcial para Levante de 1972-73). A partir de 1958 (en realidad, el PGOU de 1958 no se empezó a desarrollar hasta 1962), el consabido desenfreno por el ladrillo, el hormigón y el asfalto vomitado sobre el futuro barrio hasta el cauce del Pedroches (límite natural y oficial del barrio).
A pesar de todos los planes y rectificaciones, el barrio de Levante no dejó de ser algo anárquico urbanísticamente al conservarse trazados antiguos y obsoletos (como los del antiguo camino de la Choza del Cojo, luego Hermano Juan Fernández, o el camino de la Alcaidía, futura avenida de Rabanales). Dicenta, el fatigado arquitecto municipal, se despediría del cargo con un último PGOU poco conocido y poco desarrollado aprobado en 1978 (he de suponer que, al llegar la democracia a los ayuntamientos, ese PGOU de 1978 no interesó demasiado a los que llegaron al poder en 1979). A pesar de que aquel último PGOU "franquista", por así decir, quedó en agua de borrajas no era un mal plan puesto que decidía dar más equipamientos urbanos y servicios públicos al polígono de Levante. Ese plan diseñó el futuro colegio Séneca y también había diseñado un centro cívico para Levante que nunca llegó a construirse y cuya ubicación estaba prevista en lo que hoy es el Salón de Actos del Blas Infante (a orillas de Carlos III, parcela que estuvo desocupada durante muchos años hasta que alguien decidió usarla para ampliar el instituto de bachillerato). El PGOU de 1978 preveía dar a Levante muchos de esos equipamientos urbanos de los que escaseaba (colegios, parques, jardines, centros cívicos), pero apenas pudo desarrollarse. Y hemos de lamentarlo, al menos los que vivimos en Levante en los años 80 (cuando Levante abundaba en solares vacíos listos para especular con ellos, descampados dejados de la mano de Dios y escaseaba en aceras, pavimentación decente, parques, jardines o farolas, por ejemplo...¿alguien recuerda el lamentable estado de la plaza de Belén a mediados de los años 80?).
Pero todo empezó con la Huerta La Chiquilla o Chiquita, con ese rinconcito pintoresco del barrio. Ahora menos pintoresco, más moderno. Algunas casitas siguen en pie, igual que el par de bloques falangistas de los años 50 con sus símbolos falangistas a la vista (pero es que todo Levante está lleno de yugos y flechas en placas plateadas junto a los portales, ¿verdad?). Aunque de la huerta nada queda, ¡ni siquiera su auténtico nombre! Pero yo ahora reivindico su recuerdo y su nombre auténtico. Sí, una vez hubo una huerta llamada La Chiquilla, precioso nombre para una huerta, y estaba aquí, en Levante, junto a Lepanto, cerca del charcón que formaba la confluencia del arroyo de las Piedras con la Hormiguita (y ya sé que algunos prefieren llamarlo del Camello, al estilo del padre Roelas, pero puesto que junto al arroyo existía una "haza de la Hormiguita" creo que es justo darle ese nombre, al menos para los que nos hemos criado en este barrio, y ya se sabe que los arroyos cambian de nombre según por el barrio que pasen...y si no que se lo digan al de las Piedras que fue, entre otros, también, el arroyo de San Cristóbal, de las Peñas, de la Fuensanta y de Santa Matilde...)
Nota final: quiero agradecer las gratas lecturas, datos y anécdotas entrañables que me han proporcionado en los últimos años blogs dedicados a la historia cordobesa como los de Manuel Estévez, Laurentino, Puerta de Osario o las Notas Cordobesas de Paco Muñoz. Gracias a ellos, inspirado por ellos, ahora escribo yo esto. Ya decía Borges que la literatura es una tradición y que cada escritor aportaba su granito de arena a esa tradición. Así que dentro de los que rememoran, recuperan y reivindican la historia/memoria de Córdoba, me quiero unir para aportar mi granito de arena,...por si sirviera de algo, claro.
Para mi texto he consultado, entre otras fuentes, los siguientes textos tan interesantes como recomendables para cualquiera que quiera saber más de Córdoba y sus barrios:
"Levante" artículo de Juan Antonio García Molina publicado en El Pregonero, Marzo de 1993
"Cartografía y Fotografía de un Siglo de Urbanismo en Córdoba 1851/1958" de Francisco R. García Verdugo y Cristina Martín López (Gerencia municipal de Urbanismo-Ayuntamiento de Córdoba, 1994)
"Los alcaldes y las corporaciones democráticas de Córdoba (1979-2003)" Jesús Padilla González (2004, Ayuntamiento de Córdoba)
"La Barriada de Cañero, una pieza singular en el desarrollo urbano de Córdoba" Federico Abad (Utopía libros, 2016)


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